¿Qué pasaría si un modelo como Žabac existiera con fuerza en Latinoamérica?

¿Qué pasaría si un modelo como Žabac existiera con fuerza en Latinoamérica?

En Zagreb, Croacia, nació en 2016 una propuesta de retail muy distinta: Žabac Food Outlet, fundada por Maja y Mario Žamboki. Hoy cuenta con 8 tiendas y una idea poderosa: vender productos de marcas reconocidas con descuentos que pueden ir del 50% al 90%.

¿Cómo?

Su modelo se basa en tres tipos de inventario:

1. Rock (Excedentes): Productos que las fábricas produjeron en exceso debido a proyecciones de mercado fallidas o cancelaciones.

2. Stock (Próximos a vencer): Alimentos e insumos perfectamente seguros para el consumo que están muy cerca de su fecha de caducidad recomendada.

3. Breakage (Defectos de fábrica): Artículos con empaques ligeramente dañados, mal etiquetados o con errores estéticos en su contenedor que no comprometen la calidad del producto.

La propuesta es simple, pero muy potente: productos buenos, marcas conocidas, precios bajos y una razón sostenible detrás de cada compra.

Zabac no compite solo por precio. Lo hace también apoyando: economía circular, reducción de desperdicio, inclusión laboral (trabajan activamente empleando a personas con discapacidades) y compra inteligente.

Además, su modelo genera algo que muchos retailers buscan y desean: una experiencia de “búsqueda del tesoro”. El inventario cambia constantemente, por lo que cada visita puede traer productos distintos, marcas inesperadas y oportunidades únicas.

Este concepto fue reconocido internacionalmente, obteniendo el 2do lugar en la categoría Grocery de Euromonitor International.

La gran lección para el retail es clara: la sostenibilidad no tiene que ser un discurso lejano ni premium. También puede convertirse en una propuesta comercial concreta, accesible y rentable.

Ante esto, es inevitable la pregunta ¿Qué pasaría si un modelo como Žabac existiera con fuerza en Latinoamérica?

Probablemente tendría un enorme potencial. En una región donde muchos consumidores están presionados por el costo de vida, donde las marcas buscan eficiencias y donde todavía se desperdician alimentos en buen estado por excedentes, empaques dañados o fechas próximas de vencimiento, este modelo podría conectar tres necesidades al mismo tiempo: ahorro, sostenibilidad y acceso.

Pero también tendría grandes desafíos: confianza del consumidor, regulación sanitaria, manejo de fechas de vencimiento, cadena de frío, logística, acuerdos con fabricantes y una comunicación muy clara para evitar que el formato sea percibido como “producto de menor calidad”.

Si se ejecuta bien, podría convertirse en una nueva categoría de retail: tiendas de descuento con propósito, donde comprar barato no signifique comprar peor, sino comprar de forma más inteligente.